PAPATERRA
El origen de una leyenda
Por: Johnny Zorrilla
Juan Ramón Crescencio se fue del pueblo un día siguiendo el arco iris, dijo que a casa no volvía sin un pedazo de el, aunque fuera de un solo color, llevaba en el macuto una pipa un andullo y un jarrito pa el café que le diera algún cristiano que hallara en el camino, la noche entera la pasó camina que camina en dirección al norte, según él; de ahí lo vio salir cuando dejó de jariniar en la tarde de ayer, traías hinchá la pata de tanto caminar y ni en un solo momento se sentó a descansar, en toda la noche miraba pa el cielo a ver si lo veía, pero solo miraba la luna bien arriba como una torta de casabe allá en el firmamento: "la luna es de queso, el queso es de leche, la leche hace espuma, la espumas son de pluma, las plumas es de gallina, las gallinas ponen huevos, los huevos sacan pollos, los pollos comen maíz, el maíz lo siembra el hombre, el hombre se toma la leche, se come el queso, el pollo, los huevos y las gallinas y también el maíz". Así iba repitiendo por todo el camino, disque pa no aburrirse. Cuando se cansó de decir la misma canción una vez y otra vez y otra vez y otra y otra y otra y mucha más, se quedó extenuado bajo la sombra de un flamboyán a la orilla del camino, donde se quedó dormido
Debió haber dormido toda una vida en esa noche, pues al día siguiente cuando los primeros rayos del sol lo despertaron se veía que había envejecido como veinte años. Apresurado se puso en pie de un solo salto y sin pensarlo mas tomó de nuevo su macuto y siguió andando en dirección al norte, al rato se detuvo por un instante, metió la mano en el macuto, sacó la pipa y el andullo y luego con los dedos activó la pipa hasta llenarla completita de tabaco puro, encendió un cerillo y empezó de nuevo su andar mientras iba por todo el camino echando bocanada de humo y cantando una nueva canción que decía: "El sol es de fuego, el fuego quema el campo, los campos tienen vacas, las vacas comen yerba, las yerbas crecen con la lluvia, las lluvias apaga el fuego, el fuego prende la luna, la luna es de queso, el queso es de leche, la leche hace espuma, la espuma es de pluma, la pluma es de gallina, las gallinas pone huevos, los huevos sacan pollos, los pollos comen maíz, el maíz lo siembra el hombre, el hombre se come el pollo, los huevos, las gallinas, la leche, el queso, la vaca y el maíz". La mañana entera se la pasó cantando ese estribillo hasta que sintió hambre y abrió el macuto, pero solo encontró, la pipa, el andullo y el jarrito pa el café que aún no había podido usar en todo el viaje.
Caminó sin parar por diferentes rumbos bajo el sereno, la lluvia y el ardiente sol tropical que le quemaba hasta la esperanza de encontrar aquel arco iris que había estado buscando por largos años, a veces llegaba a cualquier remoto pueblo donde permanecía por meses, pero justo en el momento que los residentes empezaban a acostumbrarse a su estadía aparecía de nuevo el arco iris y otra vez emprendía su viaje tras el, repitiendo una y mil veces la misma canción:
"El sol es de fuego, el fuego quema el campo, los campos tienen vacas, las vacas comen yerbas, las yerbas crecen con la lluvia, las lluvias apaga el fuego, el fuego prende la luna, la luna es de queso, el queso es de leche, la leche hace espuma, la espuma es de pluma, la pluma es de gallina, las gallinas ponen huevos, los huevos sacan pollos, los pollos comen maíz, el maíz lo siembra el hombre, el hombre se come el pollo, los huevos las gallinas, la leche, el queso, la vaca y también el maíz.
Juan Ramón Crescencio caminó el país de cabo a rabo siguiendo el arco iris y nunca lo encontró, en su lugar, solo encontraba el rechazo de las gentes en cada pueblo que llegaba, las burlas de los niños que lo apedreaban, los perros realengos que lo ahuyentaban con sus insistentes ladridos de vira latas, corriendo detrás de él como ladrón perseguido para lincharlo.
Así se paso toda una vida, preso de su delirio y su insistente afán sin resultado de encontrar el arco iris, cuando llegó al Ensanche Libertas traías en el macuto un golfio, una canquiña, un dulce de rapadura, una aguja de cocer, una brújula izquierda que nadie supo leer, un zapato sin suela, una media naranja, un reloj sin aguja que marcaba en segundo la mitad de la diez, un gallo sin espuela, una araña con diente, una funda de bellugas, una moneda de cinco chele con una cara en ambos lados, unos dados cargados que donde quiera que Caín marcaban el numero once, una barajas marcada que solo él conocía y la pipa y el andullo y el jarrito pa el café lo cambió por un trompo que bailaba al revés.
Al principio de su llegada lucia sucio y mal oliente, Lega y Tim lo bañaron con un estropajo de cabuya, David le dio uno zapato que encontró de su visa abuelo, Miguelo le puso un pantalón de corduroy que usaba cada domingo, Kingo le dio una camisa de fuerza ya un poco debilitada, Pelé le enganchó en la cabeza un sombrero que perteneció a Enrique Blanco, yo le colgué en el cuello un collar de dientes de ajo para espantar los malo espiritos.
Ya limpio y bien vestido lo acogimos como amuleto, como una reliquia andante que había dejado sus huellas en cada rincón, en cada pueblo y en la mente de cada niño y anciano por los lugares donde anduvo.
En los primeros días traías un hambre negra metida entre los huesos, parecía que no comía caliente por muchos años, nosotros serruchamos lo mejor que pudimos pa hacerle un cocinao y con mucho trabajo juntamos dos clavao, con eso fuimos donde Siso y compramos una cuarta de arroz, una tercia de aceite, una mota de sal en grano, un realito de pica pica, dos chele de alcaparra, y un poco de cebolla y vinagre y le hicimos un locrio de pica pica con dos tajadas de aguacate al lado y un guineo maduro, que comió con apuro como si presintiera que alguien se la podía quitar, pero al final no pudo terminar de comer, se llenó con los ojos, y no era para meno, había pasado tanta hambre en los últimos años, que hasta se le olvidó la forma de masticar los alimentos.
En los días que siguieron había cambiado tanto que ya no parecía el mismo, ahora estaba limpio y bien vestido, Mamita y Fifa lo vieron por primera vez y se enamoraron de él, y hasta preguntaban su nombre, pero nadie en el barrio sabia como llamarlo, ni desde donde vino, llegó sin nombre ni apellido y en su macuto no había nada que lo identificara . Esa tarde nos reunimos en la esquina de la calle cuatro con once, frente a la pulpería Mayra para ponernos de acuerdo como debíamos llamarlo, Pelua propuso nombrarlo Baltasar porque apareció en el barrio como por arte de magia, Eduviges como comilona al fin quería llamarlo Amable por los dulces que traías en el macuto, yo que era el mas bruto del grupo no se me ocurrió otro nombre que llamarlo papá Tierra, porque traías tras la oreja polvo y tierra de cada pueblo donde estuvo, Míguelo dijo que no, que eso era un nombre compuesto, quería ponerlo mas fácil y propuso que mejor fuera Papaterra, con él todo estuvieron de acuerdo, David, René, Pelé, Macho, Vale, Chelin y todo los muchachos del barrio y desde entonces quedó para siempre bautizado con ese nombre.
Papaterra hizo amistad con todo el barrio, pero con Toribio nunca se llevaba bien, lo acusaba de loco, aunque el otro también decía lo mismo de él, el caso es que ninguno de los dos se comían un plato de arroz juntos, ni aunque estuvieran muerto de hambre, donde llegaba uno se iba el otro y por mas que nosotros tratamos de hacerlos amigos, fue imposible, había algo en ellos que no era compatible, al final tuvimos que darle a cada uno su lugar y nosotros aprender a vivir con cada uno aparte.
Pasaron los año y Papaterra echó raíces y se quedó en el barrio para siempre, nosotros fuimos creciendo y con el tiempo uno a uno fuimos agarrando nuestro macuto y nos marchamos rumbo al norte, buscando el arco iris, yo por ejemplo metí en el mío un pasaporte rojo que con el tiempo y los años que le han caído encima se ha vuelto verde, un lápiz y un cuaderno para escribir los recuerdos de mi infancia por si un día la mente me traiciona, una libra de ilusión para mantener viva la esperanza, una tercia de sueño porque soñar no cuesta nada, una cuarta de anhelo, un realito de añoranza, una mota de confianza y dos cheles para el pasaje de regreso. "El sol es de fuego, el fuego quema el campo, los campos tienen vacas, las vacas comen yerbas, las yerbas crecen con la lluvia, la lluvia apaga el fuego, el fuego prende la luna, la luna es de queso, el queso es de leche, la leche hace espuma, la espuma es de pluma, la pluma es de gallina, las gallinas ponen huevos, los huevos sacan pollos, los pollos comen maíz, el maíz lo siembra el hombre, el hombre se come el huevo, los pollos, la gallina, la leche, el queso, la vacas y también el maíz.